¿Y si la historia se repite?
Las diferencias son evidentes, pero las coincidencias igualmente son inobjetables, me refiero a dos eventos deportivos separados por 58 años en el tiempo pero que guardan circunstancias similares que me gustaría analizar en esta entrega, ya que tanto los Juegos Olímpicos de México en 1968, como el Mundial de Futbol de 2026 en el que nuestro país es coanfitrión, junto con Estados Unidos y Canadá, son acontecimientos que nos ponen en el reflector de todo el mundo, para bien o para mal.
Si bien ambas justas deportivas comparten la audiencia global y la necesidad de infraestructura, difieren en el número de países participantes (más en Olimpiadas) y el deporte único del Mundial (que, para el punto a tratar, son meros tecnicismos). Socialmente, el evento de 1968 destacó como un acontecimiento de lucha social, mientras que el de 2026 se proyecta con un impacto económico y laboral más grande, por lo menos en teoría. Políticamente, ambos eventos son plataformas para el prestigio nacional, pero el contexto histórico difiere, desde la llamada “dictadura perfecta” en México 68, encabezada por el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, hasta un contexto actual, mucho más globalizado, pero donde el control total de los tres poderes de la Unión por parte de un mismo partido generan las condiciones para que se consolide un gobierno totalitario.
Analicemos el primer evento en cuestión y su momento histórico, caracterizado en 1968 por los asesinatos del defensor de los derechos civiles Martin Luther King Jr. y del político Robert Kennedy; así como movimientos estudiantiles, primero en Francia y luego en nuestro país, que cimbraron a toda la sociedad, sobre todo cuando se violentó la autonomía universitaria con la ocupación del Ejército el 18 de septiembre en el Campus Central de la UNAM y el día 23 en el Casco de Santo Tomás y la Vocacional número 7 del Politécnico Nacional.
La consecuencia directa de estos enfrentamientos desiguales, donde un bando portaba panfletos y carteles y el otro fusiles y bayonetas, fue finalmente la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre, previa a la realización de las XIX Olimpiadas, inauguradas tan sólo diez días después, ignorando los cientos, quizás miles, de estudiantes asesinados a manos de militares, en lo que representa uno de los más negros pasajes de la historia de México.
Regresemos ahora a la actualidad, a menos de un año de que ruede el balón en el juego inaugural, el 11 de junio de 2026, en el remodelado y, para entonces, tres veces mundialista Estadio Azteca, para dar comienzo a uno de los eventos deportivos más seguido en todo el orbe, el mundial de futbol.
Es difícil decir, hoy por hoy, cuál será exactamente la situación política y social que se vivirá para entonces, no obstante, la condiciones que mencioné anteriormente del partido hegemónico en el poder puede representar dos situaciones muy diferentes, la primera, que es la que los inversionistas y el gobierno, además de muchos aficionados al balompié, quisieran, es que el control casi total dirija todas las miradas a los aspectos meramente deportivos y pasen por alto el clima de inseguridad y el descontento social, al menos de una buena parte de la población.
El segundo escenario es por demás complicado, ya que, después de las violentas manifestaciones ocurridos con el pretexto del 2 de octubre en la Ciudad de México, que más bien fueron actos vandálicos y abiertamente delictivos por parte de grupos de encapuchados, no se puede evitar pensar en la posibilidad de que la “sangre pueda llegar al río” en cualquier momento y más aún porque, citando una analogía futbolera que viene bien a colación, en este caso el árbitro vio faltas a diestra y siniestra (me refiero a las agresiones viles en contra de la policía, a la que no le dejaron siquiera defenderse) y no fue bueno el silbante para sacar ni siquiera una tarjeta amarilla.
En este caso, y lo digo sinceramente, quiero estar equivocado, pero presiento que si la autoridad deja crecer el conflicto social, negando públicamente que existe, ignorando los problemas reales de la población y buscando desviar la atención con “pan y circo”, la historia podría estar condenada a repetirse… Ojalá y no sea así.

Francisco Buenrostro es periodista, escritor, conferencista y empresario.
Cuenta con 38 años de experiencia en medios de comunicación y actualmente es director de Noticias de Grupo Audiorama Comunicaciones Guadalajara
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