COAHUAYANA, Mich., 27 de octubre de 2025.- Este 27 de octubre se cumplen 66 años de que un ciclón tropical sin nombre, en 1959 pasara por encima del municipio de Coahuayana dejando un saldo de devastación y muerte con grandes pérdidas materiales, pero a la vez como siempre ocurren en las catástrofes naturales, con extraordinarios ejemplos de solidaridad y humanismo de parte de los sobrevivientes que sin saberlo demostraron una resiliencia a toda prueba.
En ese tiempo, en 1959 no había los instrumentos científicos con los que ahora se cuenta para medir y dar seguimiento a los ciclones ahora más frecuentemente llamados huracanes, y quizás por eso, los medios de comunicación que tampoco abundaban centraron su atención en las afectaciones de los estados de Colima y Jalisco, e ignoraron casi totalmente a Michoacán, en especial a Coahuayana, que también fue alcanzada por la tragedia.
Del ciclón de 1959 la totalidad de referencias oficiales que se hacen es la de que tocó en tierra en Manzanillo o cerca del puerto colimense, empero, de acuerdo con testimonios de sobrevivientes, el ojo del huracán pasó por el municipio de Coahuayana como con lujo de detalles narró la entonces vecina de La Vainilla, la señora Aurelia Sánchez Sánchez
Con el permiso del historiador Adriano Ortega Sánchez, reproducimos la información que a él le proporcionó la señora Aurelia Sánchez Sánchez del paso del ciclón del 27 de octubre de 1959 por su casa ubicada en el municipio de Coahuayana, en el predio de La Vainilla, localizado en el actual camino de El Camalote a Achotán.
“Doña Aurelia Sánchez Sánchez, cuenta que la lluvia empezó el domingo 24 de octubre, que todo el día 25 llovió a cantaros, que el 26 se abrió el cielo (salió el sol), por la mañana una hora cuando mucho y volvió a continuar lloviendo a cantaros y empezó a silbar el viento; y que el miércoles 27 la creciente del Río Coahuayana inició a arrastrar las casas de Cerrito de las Compuertas”.
“Escuchando el radio se escuchó decir que el ciclón había pasado ya a Manzanillo, eran las 10 de la noche del día 26 de octubre de 1959. Pero las rachas de viento en La Vainilla habían empezado como a las 6 de la tarde, pues ahí los vientos pasan silbando muy alto y no en las casas, porque existen muchos árboles y está protegido por los cerros Cordón de la Laguna y El Tapanco. Empezaron a sentirse rachas fuertes y mucha agua, mucha agua, ahí nos resguardamos, pero a la mañana siguiente nos enteramos que el Cerrito de las Compuertas había desaparecido, que todos habían muerto, que el río se los había llevado. Después nos regresamos a rezar. Dice Aurelia Sánchez Sánchez, ninguno de mis hijos había dormido, pues había pocos lugares secos, pero sobre todo por miedo a que un alacrán mal ubicado nos cayera a alguno de nosotros. El chiflido del viento en La Vainilla es muy característico, ese día lo oíamos silbar muy fuerte, pero algo más bajo que de costumbre, un fuiiiii, muy largo y fuerte, cada vez más intenso. Pasaba el tiempo y no se cortaba, aumentaba más. Y de pronto se oye como que arrastran piedras pesadas en un arroyo, era el manantial donde brotó de pronto un chorro de agua a más de un metro de alto. El viento estaba soplando en La Vainilla del Noroeste desde el 26 en la noche y pasaban las horas y no se quitaba. A eso de las 10:00 de la noche del 27 de octubre, se sintió como que los oídos se nos iban y tuvimos un zumbido muy fuerte en los oídos (mis hijos más chiquitos despertaron, recuerda doña Aurelia). Entonces desaparecieron los vientos, estábamos en el ojo del huracán, además había mucha claridad. Se veían las estrellas, rayos y relámpagos sin escucharse los truenos. Poco después sopló el ciclón con mayor fuerza y se sintió como si temblara, la casa se cimbraba, el ciclón nos chupaba de abajo hacia arriba. En El Ranchito cayeron pescados del cielo, dicen. Se hinchó el mar y fue entonces cuando hizo los mayores destrozos”.
“Nos enteramos ya en la tarde que en El Cerrito de las Compuertas se habían caído las casas. Por eso nos trajimos a varias personas que habían pasado parte de la noche arriba de los árboles. De regreso en La Vainilla supimos que en tal parte había tantas personas muertas ya que se había caído su casa, en otro lugar que se había ahogado un soldado, y que había tapado las casas de Coahuayana, así por donde quiera se oía de tales o cuales personas que se habían ahogado. A eso de las cuatro de la tarde nos organizamos y empezamos a buscar como ayudar a los de Cerrito de las Compuertas, a traerlos, a conseguir agua para darles. Todo mundo trabajó, hombres, mujeres y niños para ayudar a los que nos necesitaban”.
Por otra parte, en el pueblo de Coahuayana otros sobrevivientes de la devastación del ciclón del 27 de octubre de 1959 aseguraron que en el jardín del lugar la inundación dejó una marca de dos metros y medio de alto.
Primera de varias partes…








